Mi soledad
El mundo es un pañuelo. Muchos días acabo citando esta frase pero no es hasta que me paro un momento a pensar en ello que me doy cuenta de cuan cierta es.
Mientras que mi vida podría definirse en los últimos años como un vaivén emocional porque, entre otras cosas, de no tener sentimiento alguno por nada ni nadie pasé a disfrutar y abusar de los pequeños placeres de la vida, hay algo que me sigue faltando: amigos.
No quiero hablar de la amistad como sentimiento sino como sinónimo de compañía. Por supuesto que conozco a un montón de gente pero apenas nadie me conoce a mí. Ningún “amigo” sabría siquiera definirme. Ningún compañero de clase tiene ni la más remota idea del día que cumplo años, o de si me gustan las galletas o de porqué no como pescado. Nadie podría hacerme un regalo porque no saben qué gustos tengo. Soy un total desconocido para la mayor parte de las personas con las que he tenido relación desde que era pequeño.
Y tampoco es que no aprecie el hecho de que alguien pueda ofrecerte apoyo cuando estás mal, o ayudarte con un problema, o simplemente poder salir un día a tomar algo y charlar un rato sobre alguna conversación trivial. Es que no suele gustarme nadie. Puede caerme bien, parecerme simpatico como persona, creer que es un tipo legal que jamás me traicionaría… pero nunca encontraré las palabras para decir que alguien es mi amigo porque creo, que la amistad solamente puede existir desde una perspectiva materialista.
En días como hoy en los que volviendo en el tren me he “topado” con antiguos compañeros de universidad que ni siquiera me han reconocido a pesar de tenerme sentado a dos palmos, me doy cuenta de lo afortunado que soy. Afortunado de no tener que dar explicaciones de nada a nadie; de no tener que mantener una conversación sobre mí con una persona a la que no le importa lo más mínimo y sobre todo de no tener que quedar bien con nadie. Sé que hay muchísima gente que se jacta de decir algo así: “soy un antisocial”, “no tengo amigos”, “me da igual lo que piensen de mí”. ¿Cuántas veces habré escuchado esto? Pero os aseguro que pocos, poquísimos son, los que realmente son capaces de llevar una vida en soledad y muchos menos los que de verdad se sienten orgullosos de ello.
El mundo es un pañuelo, sí, pero joder, ya podrían haberlo tejido más grande.
